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Historia 1934 - 2009

Una historia de sensatez y buena voluntad

El apacible Medellín de los años 30 estaba habitado por una mayoría de personas en condición de pobreza, y por pocos habitantes de renombre que recibían de Francia grandes influencias, objetos valiosos, buena literatura e ideas arquitectónicas. Por fortuna, también llegaron a la ciudad iniciativas de carácter social como la que trajeron Alberto Bernal Nicholls y Mercedes Restrepo de Bernal de su luna de miel en Paris, tras visitar la institución Damas de la Caridad, fundada por San Vicente de Paul en 1617.

Este gran hombre había sentido la necesidad de organizar la acción caritativa de un grupo de mujeres cuyo corazón sufría al igual que el suyo por la miseria ajena. Más de tres siglos después, siguiendo su ejemplo, un grupo de amigas de la alta sociedad creó en Medellín el comité Damas de la Caridad con el objetivo de “Ayudar a las personas y familias necesitadas en sus propios domicilios”. En la sala del matrimonio Bernal Restrepo, doña Mercedes y sus compañeras acordaron ayudar a ciudadanos de escasos recursos bajo la consigna de “Respeto a la Dignidad de la Persona Humana”.

En un principio su actividad se orientó a la atención de las necesidades económicas de familias carentes de alimentación, vivienda, salud y educación. Las Damas hacían entrega personal de mercados, dinero o bonos con los que los beneficiados reclamaban víveres o ropa en un granero que funcionó en la casa de una de las socias y más tarde, en el local de la Institución.

Dos años después de su agrupación, sin suspender totalmente las ayudas económicas, las Damas de la Caridad trabajaron especialmente en proveer de vivienda a hogares carentes de padre, bajo la modalidad de alquiler en pabellones o edificaciones con capacidad para albergar varias familias, a las que querían otorgar estabilidad en un lugar seguro donde alojarse.

Estructura para mejorar

Luego, en 1941, con el fin de obtener la personería jurídica que les permitiría más soltura, el Comité se constituyó en la corporación Sociedad Damas de la Caridad de Medellín. Al mismo tiempo, estableció una nueva organización interna consistente en un Comité Directivo compuesto por diez damas, quienes a su vez presidían un subcomité compuesto por diez damas más.

Tres años después, valorando el conocimiento y la ayuda que otros tienen para ofrecer en el campo espiritual y educativo, encomendaron la administración de los pabellones a las Hermanas Vicentinas, y promovieron nuevos servicios a las familias, como jardín infantil, escuela primaria, complemento alimenticio, becas, consultas médicas y colonia de vacaciones escolares. Después, en 1947, acordes con los conocimientos de servicio social que se adelantaban en la academia, entregaron la administración del programa a personal profesional en bienestar social, con quienes iniciaron un trabajo más ambicioso desde el punto de vista comunitario.

Por este mismo tiempo, tras la evaluación de su labor en el área de vivienda, la institución reconoció sus limitaciones, al mismo tiempo que recibió de una de sus socias fundadoras, Luisa Ángel de Henao, una finca de diez y ocho cuadras en el barrio Las Estancias, situada en la vertiente del cerro Pan de Azúcar. Su propósito, apoyado por sus compañeras, era tener un lugar adecuado para que la organización proyectara un programa amplio de desarrollo en la comunidad compuesta por 5.000 personas de muy escasos recursos.

Para entonces, en los años 50, mientras la ciudad cruzaba el río para ampliar los sectores habitacionales y el Centro seguía siendo el escenario de actividades comerciales con numerosos edificios de oficinas, teatros y sitios de reuniones sociales, Medellín se rodeaba de una población rural en difíciles condiciones de subsistencia que abandonaba el campo por cuestiones de violencia.

En los barrios más pobres

En 1951, las Damas de la Caridad, no ajenas a esas circunstancias y sin escatimar esfuerzos, concentraron todas sus acciones en el desarrollo de las comunidades de los barrios La Toma y Las Estancias, al oriente de la ciudad. Sus objetivos eran trabajar por el individuo y la familia, por el mejoramiento de las relaciones entre los grupos y por su progreso. Para tal propósito se establecieron servicios asistenciales, preventivos, terapéuticos y promocionales mediante los programas Refugio Santa Luisa de Marillac que incluían guardería, escuela primaria, centro de salud, almacén de ropa, suplementos alimenticios y vivienda; y el Programa Centro Vecinal El Rosario con servicios de información y conexión con los recursos de la comunidad, terapia psicológica a personas y familias afectados por problemas individuales y sociales, grupos recreativos, deportivos, culturales, cooperativos, de acción social, de fortalecimiento de las relaciones familiares y coordinación y ejecución de acciones para mejorar el nivel de vida de los habitantes de los barrios mencionados, con instituciones de la comunidad o de fuera de ésta.

Los programas estuvieron a cargo de profesionales y estudiantes del área social, personal empleado y voluntarios, quienes junto con instituciones  y participantes de los barrios trazaron objetivos y diseñaron los proyectos. Así, durante su ejecución, los habitantes fueron asumiendo sus propias responsabilidades hasta llegar a desarrollar programas por cuenta propia sin mayor intervención de la Institución.

La Fundación sustituye las Damas

En  1966, en aras de mantener su autonomía como Institución, 22 Damas crearon la Fundación para el Bienestar Humano, con Personería Jurídica de la Gobernación de Antioquia en febrero de 1967. Poco a poco sustituyó la Sociedad Damas de la Caridad, cuya administración se había visto en riesgo de ser asumida por diferentes organizaciones religiosas.

Con entusiasmo y buena acogida trabajaron principalmente en el barrio Las Estancias durante veinte años hasta 1971, cuando “Después de meditarlo  muy seriamente llegamos a la conclusión, de que a nosotros nos es imposible seguir trabajando en Las Estancias, porque desde hace algunos años nos venimos encontrando con el desacuerdo y desaprobación del Señor Párroco, Joaquín Campuzano, a algunos programas, ideas o situaciones de nuestro trabajo en el barrio”. Y agregan en la carta que la Fundación escribió a la comunidad del barrio: “La Fundación para el Bienestar Humano no se va a acabar, solamente se va a retirar del barrio Las Estancias y va a trabajar en otro campo”.

Tras ese impase, con efectividad se inició en la Fundación una nueva etapa de trabajo promocional y preventivo en el ámbito nacional, con familias y educadores.  Además, se incluyó por primera vez como socios, en su Junta Directiva y en los comités al grupo de hombres conformado por Juan Isaza, Luis Fernando Sanín, Francisco Luis Palacio, Julio Ospina, Sergio Martínez y Juan Guillermo Jaramillo.

Desde entonces, significativas son las cifras de la cobertura geográfica y poblacional del trabajo de la Fundación Bienestar Humano  en todos los municipios del país.  Son honrosos los reconocimientos de otras ONG y las distinciones oficiales.  No queda duda de  esta es una historia de sensatez y buena voluntad, que respondiendo a las dificultades de otras épocas y a las actuales no desfallece en su trabajo de “Contribuir a crear una sociedad más justa, democrática y pacífica, propiciando cambios positivos de actitud y de comportamiento en el entorno de la vida cotidiana de las familias, mediante el acceso al conocimiento científico y a la reflexión participativa acerca del desarrollo humano y las relaciones familiares y comunitarias”.
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